La esperanza del Reino en la Congregación Primitiva

Por Yosef Aharoni

Copyright 1992, 2004

Primera impresión 1992
Segunda impresión 2004

Todos los derechos reservados.

En los círculos teológicos se discuten actualmente tres interpretaciones en cuanto al lugar donde estarán los santos durante el reino milenario del Mesías. Analíce esto tomando en cuenta la importancia que tiene la antigüedad de una creencia. Considere que la información sufre cambios a través de las épocas. Por lo tanto mientras más antigua sea una información más cercana estará a la fuente original.

1a. La primera interpretación, y la más antigua, dice que todos los salvados estarán con el Mesías en la tierra reinando sobre las naciones durante el reino milenario del Mesías. Esta es la interpretación más antigua, ha sido el entendimiento histórico del judaísmo en todas las épocas, y es el entendimiento de la gran mayoría de iglesias cristianas evangélicas.

2a. La segunda interpretación, surgida en los círculos adventistas de Norteamérica para el 1886, dice que todos los santos estarán en el cielo durante el Milenio realizando un juicio sobre los impíos, que para ese tiempo estarán todos en sus tumbas.

3a. La tercera interpretación, y la más reciente, dice que de entre todos los discípulos del Mesías sólo 144,00 irán al cielo para reinar desde allá con él sobre los asuntos de la tierra durante el Milenio (o durante tres años y medio).

En este estudio vamos a demostrar que la enseñanza evidente de las Sagradas Escrituras es la posición número uno, confirmada también por la historia del desarrollo de las doctrinas en la cristiandad.

¿QUE ESPERABAN LOS DISCIPULOS DEL MESIAS?

Cuando el Mesías estuvo en la Tierra de Israel con sus discípulos les hizo unas declaraciones sobre el futuro que podrían interpretarse de varias maneras, como la de Juan 14:1‑3. Por lo tanto era importante que antes de partir se reuniera con ellos para enseñarles más claramente a los discípulos el correcto entendimiento de sus declaraciones mesiánicas.

Poco antes del Mesías subir al cielo para ser entronizado como Rey de reyes en el año 33 E. C. estuvo por espacio de cuarenta días con sus discípulos explicándoles “las cosas concernientes al reino de Yahwéh” (Hechos 1:3). Es seguro que el Mesías les indicó a sus discípulos dónde estarían ellos durante el Reino mesiánico. Sin embargo al final de aquella última reunión los discípulos todavía entendían que el Reino le sería restaurado a Israel en la tierra. Por eso preguntaron: “Maestro,¿es AHORA cuando le vas a restaurar el reino a Israel (Hechos 1:6).

Note que ellos no preguntaron dónde habría de ser el Reino, pues ellos ya sabía que sería en Israel. Si hubieran estado equivocados en cuanto a esa expectativa Yahshua los habría corregido. Anteriormente les había dicho: “Estas cosas se las he hablado en parábolas; pero viene la hora en que no hablaré más en parábolas, sino que les manifestaré claramente las cosas del Padre,” (Juan 16:25). Y ahora que los volvía a ver no los iba a dejar con una idea errónea.

Ese era el momento de aclarar las cosas. Sin embargo, solamente les dijo: “No les toca a ustedes saber los tiempos y las fechas que el Padre ha puesto bajo su propia autoridad. ” (Hechos 1:7). Lo único que les vedó saber fue la fecha de su venida, porque solamente el Padre la sabe,

¿Considera usted razonable que el Mesías resucitado hubiera dejado a los discípulos con la idea de una restauración física del Reino a Israel si eso hubiera sido una idea errónea? Esa expectativa de los Once concuerda perfectamente con el mensaje de Pablo en 1Corintios 11.

Algunos años más tarde se convirtió a la fe mesiánica un fariseo de Tarso llamado Shaúl, quien narra una experiencia interesante en el primer capítulo de su carta a los gálatas. En Gálatas 1:16 y 17 dice él que después de su encuentro con el Maestro no consultó con ninguno de los apóstoles anteriores sino que se fue a Arabia, y después regresó a Damasco.

Después de tres años subió a Jerusalem. Más tarde se fue a las regiones de Siria y Cicilia, donde se quedó CATORCE AÑOS. Al final de los catorce años subió a Jerusalem y habló privadamente con los dirigentes de la Comunidad Mesiánica y, después de oírlos, dice: “…pero no me impartieron nada nuevo,” (Gal. 2:6).

Durante esos catorce años Shaúl (Pablo) recibió revelaciones del futuro de la Comunidad Mesiánica y del mundo, de las que habla en sus cartas. Por lo tanto recibió aún más instrucción sobre el Reino mesiánico que los demás apóstoles. Y en todas partes, aún en la cárcel, se pasaba “predicando el mensaje del Reino,” (Hechos 28:3 l).

Considere esto: ¿No abundaría Shaúl (Pablo) en explicaciones sobre el Reino en el cielo si este hubiera sido un entendimiento nuevo para los discípulos? Recuerde que los discípulos heredaron del judaísmo su expectativa del Reino en la tierra.

De manera que si alguien entendió bien dónde va a ser el Reino y dónde van a estar los santos durante ese reino, ese es Shaúl (Pablo). Y él impartió su enseñanza a las Comunidades Mesiánicas primitivas mediante cartas.

Por eso es sumamente importante que analicemos lo que se dice en las cartas del apóstol Shaúl sobre el reino y la esperanza para el futuro. Porque lo que él enseña en sus cartas era la esperanza de la Comunidad Mesiánica primitiva, por lo menos hasta finales del siglo primero. Después de eso la Comunidad se corrompió y entró toda clase de enseñanzas distintas que los apóstoles no conocieron.

EL TESTIMONIO DE LOS ESCRITOS APOSTOLICOS

Sobre la esperanza de la restauración

El autor del libro “Hechos de los Apóstoles” nos dice que el apóstol Pedro (Shimón Kefá) estaba una vez en el Templo de Jerusalem y se puso a predicar un mensaje sobre el Mesías. Entre otras cosas, dijo en esa ocasión unas palabras que demuestran claramente cuál era la esperanza apostólica antes de la conversión de Sahúl:

“Así que arrepiéntanse y conviértanse para que queden borrados sus pecados, para que vengan tiempos de refrigerio de la presencia de Yahwéh, y que él envíe a aquel Mesías que de antemano se les había designado a ustedes, es decir, a Yeshúa. ES NECESARIO QUE EL CIELO LO RETENGA HASTA LOS TIEMPOS DE LA RESTAURACION DE TODAS COSAS, de la cual habló Yahwéh por boca de sus santos profetas de la antigüedad. (Hechos 3:19‑21.)

Note cuidadosamente: Si “es necesario que el cielo lo retenga” es porque está en el cielo. No está aquí ahora, como han creído algunos, porque el cielo lo retiene. Y que el cielo aún lo retiene es obvio porque todavía no se ha realizado la restauración de todas las cosas. Cuando el cielo deje de retenerlo, entonces volverá a la tierra.

Y note que Pedro llama a ese tiempo posterior al regreso del Mesías “la restauración de todas las cosas.” No es antes ni después del Milenio que el Mesías va a restaurar todas las cosas, sino durante el periodo de su reino milenario. Así que la esperanza que Pedro predicaba no era la esperanza de salir volando de este planeta para ir a vivir a las regiones etéreas del cielo, sino la “restauración de todas las cosas” en esta tierra al regreso del Mesías. Y esa restauración de todas las cosas la proclamaron antes los profetas hebreos en pasajes como Isayah 2:1‑5; 66:22‑24; Jeremíah 3:18,2 1; Zakaryah 14; y Malakíah 4:1‑3.

Considere esto: ¿A qué se refería Pedro con “la restauración de todas las cosas?” ¿Por qué no concuerda esa esperanza con la idea de que saldremos volando de este mundo para ir al cielo?

Sobre la esperanza de la redención del cuerpo

El rabí Shaúl nos habla de “la gloria que se va a revelar en nosotros” y de que la humanidad “espera que la liberten de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Yahwéh.” Y el llama a esa liberación “la redención de nuestro cuerpo;” (Romanos 8:18,21,23.) En 2 Corintios 5:1 llama a nuestro cuerpo mortal presente, “nuestra casa terrestre,” y llama al nuevo cuerpo inmortal que nos dará el Mesías “el edificio de Yahwéh, una casa eterna hecha en los cielos. ” En el verso 2 dice algo sumamente interesante; dice que “seremos REVESTIDOS de nuestra morada que viene del cielo;‑ si es que nos encontramos vestidos en ese día y no desnudos.”

Es claro que en sus metáforas del verso 2 “vestido” significa estar vivo, mientras que “desnudo” significa estar muerto. Él deseaba estar vivo (“vestido”) cuando regresara el Mesías. No deseaba ser “despejado” (morir) 4 sino más bien ser revestido para que lo mortal en nosotros quede absorbido por la vida”. (Verso 4.)

Y en ese ser “revestidos” Pablo enseña claramente que “los que quedemos vivos hasta la venida del Maestro no nos adelantaremos a los que murieron Pues cuando el propio Maestro baje del cielo… los que murieron en el Mesías resucitarán primero; luego nosotros, los que hayamos permanecido vivos, seremos arrebatados en las nubes JUNTAMENTE CON ELLOS para salir al encuentro del Maestro en el aire,” (1 Tesalonicenses 4:15‑17).

Pablo no visualiza a unos creyentes reinando en el cielo mientras otros quedan en la tierra. Tampoco visualiza que los resucitados serán arrebatados al cielo al momento de la venida mientras que los demás serán arrebatados tres años después, como dicen otros. Todos serán arrebatados JUNTAMENTE para salir al encuentro del Maestro que viene a reinar.

Considere: ¿Cuándo será la reunión de los fieles con el Maestro? Note que todos se reunirán con él a la misma vez. Si un número de ellos se reunieron con él en el 1914, como enseñan algunos, mientras que hay ahora mismo otros que no se han reunido con él, ¿no es esto una contradicción?

En el pasaje de 1 Corintios 51:35‑55 Pablo discute lo relativo a la naturaleza de la “morada” o “casa” hecha en el cielo y que se nos va a dar cuando venga el Mesías: el cuerpo inmortal. La pregunta de Pablo es: “¿Con qué clase de CUERPO saldrán?” (Verso 35.) Por medio de comparaciones establece que hay dos clases de cuerpos: “…hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres, ” (verso 40). Al cuerpo incorruptible de la resurrección (verso 42) lo llama cuerpo espiritual” en el verso 45. Porque “así como hemos llevado la imagen del [hombre] terrenal [Adam], llevaremos también la imagen del [Hombre] celestial [Yeshúa].”

¿Y cómo es ese cuerpo espiritual? Igual al que tenía Yeshúa después de resucitar de entre los muertos, porque, como dice Pablo, “él transformará nuestro vil cuerpo para que sea semejante a su cuerpo glorioso, (Filipenses 3:2 1). Miryam la magdalena lo tocó, por lo que él tuvo que decirle: “No me sigas tocando, que todavía no he subido donde el Padre;” (Juan 2017).

Considere esto: ¿Cómo sabemos que el cuerpo de los que resuciten para el Reino será un cuerpo de carne y hueso, aunque inmortal?¿No iban a ser Adam y Eva inmortales si no hubieran pecado, aunque eran de carne y hueso?

Algunos enseñan que Yeshúa resucitó como un espíritu, que ya no tiene un cuerpo físico como antes. Los discípulos tocaron a Yeshúa cuando se les apareció en Jerusalem. Cuando le vieron “pensaban que estaban viendo un espíritu”. (Lucas 24:3 8.) Pero Yeshúa, que nunca mintió ni engañó a nadie, les dijo: “Miren mis manos y mis pies, que soy yo mismo; pálpenme y vean, porque un espíritu no tiene CARNE Y HUESOS como ustedes ven que yo tengo.” (Versos 39 y 40). Y hasta comió delante de ellos. (verso 43).

Los que conocen los modismos hebreos saben que la expresión “carne y huesos” se usa para denotar un cuerpo material, mientras que “carne y sangre” es una expresión distinta, un hebraísmo que significa “persona mortal.” El cuerpo del resucitado Yeshúa no es mortal (carne y sangre) pero sí es un cuerpo material (carne y hueso). Esto es evidente en la Escritura.

Si la esperanza de los apóstoles hubiera sido ir al cielo sus escritos estarían llenos de alusiones a esa entrada al cielo y a una vida en las regiones celestiales. Pero lo que encontramos es una abundancia de alusiones al regreso del Maestro a la tierra, y a la vida eterna con él. En la carta a Tito (2:13) Pablo habla de que estaban “aguardando la feliz esperanza: la manifestación del Mesías Yeshúa, gloria del gran Poderoso y Salvador nuestro,” (Nueva Biblia Española). Y en Tito 3:7 habla de la “esperanza de una vida eterna.” Ni rastros de la idea de que irían al cielo. Al contrario, cuando Pedro habla de la vida eterna, representada por una corona, habla de ella como algo que baja a la tierra.

Note esto: “…una esperanza viva… para obtener una herencia incorruptible… herencia que está guardada en los cielos para ustedes… la salvación que está lista para revelarse en el tiempo final. (1 Pedro 1: 3‑5.) “Por lo tanto… tengan su esperanza puesta completamente en el favor QUE SE LES TRAERÁ en el tiempo cuando se revele Yeshúa el Mesías”; (Verso 13.) Es claro en este pasaje que la salvación, la vida inmortal, no tendremos que ir a buscarla al cielo sino que se nos traerá acá a la tierra. El Maestro mismo dijo: “Miren que vengo pronto y traigo conmigo el galardón para recompensar a cada uno según sea su obra,” (Revelación 22:12).

Considere esto: ‑¿Qué indica el hecho de que en los escritos apostólicos haya una notable ausencia de referencias a una esperanza de ir a vivir al cielo.

Pedro también habla de que se nos dará “amplia entrada en el Reino eterno de nuestro Soberano y del Salvador Yeshúa el Mesías,” (2 Pedro 1: 1 l Nueva Biblia Española). ¿Se menciona en otra parte ese mismo reino con palabras semejantes, y se nos dice en qué consiste ese reino? Sí, en Revelación 11: 15 se dice que al tocar la séptima trompeta, la última, “se oyeron grandes voces en el cielo que decían: ‘EL REINO DEL MUNDO ha venido a ser EL REINO DE NUESTRO SOBERANO Y DE SU MESIAS.”

¿Se da cuenta? “El reino del mundo pasa de manos de Satán a manos de Yahwéh y del Mesías Yeshúa. No se trata de un reino en el cielo sino “el reino del mundo. ” Lo mismo que había dicho el profeta Daniel, que “el reinado y el dominio y la grandeza que pertenece a todos los reinos debajo del cielo se les dará al pueblo de los santos del Altísimo;” (Daniel 7:27). “Debajo del cielo” significa obviamente sobre la tierra.

Considere esto: ¿Dónde se encuentra actualmente el reino que va a pasar a ser el reino de Yahwéh y de su Mesías? ¿No se refiere a los gobiernos actuales que dominan sobre las naciones de la tierra?

LA RECOMPENSA

Yeshúa dijo que cuando venga traerá consigo la recompensa de cada uno. Algunos han creído que esa recompensa es ira morar al cielo. Pero ¿qué dice la Escritura? El Sabio Salomón enseñó que el justo será recompensado EN LA TIERRA pero que los malvados serán eliminados de ella (Proverbios 10:3 0 y 11: 3 1)

De manera que cualquiera que sea la recompensa será otorgada aquí en la tierra. En Hebreos 11:26,40 se nos aclara cuál es la recompensa. En el verso 26 dice que Moisés “tenía su vista puesta en LA recompensa. ” Y en el verso 40, hablando de todos los santos que murieron en el pasado, dice: “Pues Yahwéh había preparado algo mejor para nosotros y no quiso PERFECCIONARLOS aparte de nosotros.”

De manera de LA RECOMPENSA consiste en SER PREFECCIONADOS. ¿Se da cuenta? Si Yahwéh no quiso perfeccionar a Moisés ni a Enoc antes de nosotros, ¿por qué habría de perfeccionar a Pedro o a Juan o a cualquier otro antes de nosotros?

Considere esto: ¿Han recibido algunos ya la recompensa prometida?¿Cuál es esa recompensa?

LA HERENCIA

No hay que confundir la recompensa con la herencia. La recompensa claramente es la inmortalidad, la perfección. Esa recompensa la recibiremos instantáneamente en el momento de la resurrección de los muertos en el Mesías y la transformación de los que queden vivos para su venida. La herencia, sin embargo, es otra cosa. Veamos qué tiene que decir la Escritura sobre la herencia de los salvados:

A. Yahwéh creó esta tierra para ser la morada eterna de su creación humana. No creó al hombre como los ángeles para habitar en el cielo. “Los cielos pertenecen a Yahwéh, pero la tierra la entregó al hombre.” (Salmo 115:16). “Él hizo… a todas las naciones de los hombres, para que habitaran sobre toda la faz de LA TIERRA; y les ha fijado… los límites de su habitación.” (Hechos 17:26).

B. La promesa de la tierra restaurada a una perfección edénica no es para unos pocos de los justos sino para todos los justos. “Y tu pueblo, todos ellos justos, poseerán LA TIERRA para siempre.” (Isayah 60:2 1.

C. Al contrario de lo que creen algunos, los que serán quitados de la tierra no son los justos sino los impíos. “El justo nunca será removido; el malvado no habitará LA TIERRA.” (Proverbios 10:30)

D. La Escritura enseña claramente que los salvados serán reyes y sacerdotes para ejercer su reinado en la tierra. “Y los has hecho un reino de sacerdotes para nuestro Poderoso; Y REINARAN SOBRE LA TIERRA.” Ese reinado sobre la tierra no puede referirse a un tiempo después del Milenio porque según Revelación 20:4‑6 se especifica claramente que el reinado de los santos con el Mesías se limita a 1,000 años. Entonces, según nos dice Pablo: “Después viene el fin, cuando él ENTREGARA EL REINO AL PODEROSO Y PADRE SUYO, después de haber destruido todo dominio, y toda autoridad y poder. Porque el Mesías tiene que reinar hasta que ponga a sus enemigos bajo sus pies… entonces el mismo Hijo se sujetará a Aquel que le sujetó todas las cosas; para que Yahwéh sea el único en todo,” (l Corintios 15:24‑25,28). Ese será el reino eterno del Padre Soberano.

Considere esto: ¿Cuál es la herencia prometida a los Hijos del Altísimo? ¿Qué dominios va a destruir el Mesías durante su reino si ese reino va a ser en el cielo? ¿Cómo muestra Pablo que el dominio del Mesías como soberano tiene un límite de tiempo?

¿CIUDADANIA EN EL CIELO?

Pablo dijo: “Nosotros en cambio, tenemos nuestra ciudadanía en los cielos.” (Filipenses 3:20). Y algunos concluyen que eso significa que los salvados, o algunos de ellos, irán a vivir al cielo. Sin embargo no prestan atención a la última parte del verso: “… de donde también esperamos al Salvador, el Maestro Yeshúa el Mesías.” La pregunta lógica es: ¿Por qué Pablo no dijo: ” a donde también iremos a reunirnos con el Salvador”? Es evidente que Pablo nunca tuvo en mente esa idea moderna de ir al cielo. Lo que estaba en su pensamiento obviamente era la idea de que el Salvador vendría otra vez a la tierra a entregarnos esa ciudadanía divina que se nos reserva actualmente en el cielo.

Entonces, ¿qué significa tener la ciudadanía en los cielos? Las Escrituras se explican por sí mismas. En Lucas 10:20 el Maestro Yeshúa dijo: “No se alegren por esto, porque los espíritus se someten a ustedes, sino regocíjense porque sus nombres están escritos en el cielo.” Y Pablo dijo: “Ustedes se han acercado al Monte Sión, a la ciudad del Poderoso vivo, la Jerusalem celestial,… y a la asamblea de los primeros conversos inscritos en los cielos…”

El punto es este: cuando uno se convierte al Mesías, su nombre se registra en los cielos, en la Jerusalem celestial. Y al tener su nombre registrado en el cielo uno se hace ciudadano del cielo. Nadie puede negar eso; somos ciudadanos del cielo. Pero eso no significa que vamos a ir a vivir al cielo. De hecho, la Escritura dice todo lo contrario, dice que nuestra morada celestial bajará a esta tierra para ser nuestra morada eterna.

Considere esto: ¿Qué significa tener una ciudadanía en el cielo?¿No tenemos esa ciudadanía ahora mismo aunque estamos en la tierra?

Abraham esperaba “la ciudad de verdaderos fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Yahwéh,” (Hebreos 11: 10). Pero Abraham no subió al cielo a recibir esa herencia, porque él esperaba lo que describió Juan: “La santa ciudad, la Nueva Jerusalem, QUE BAJABA DEL CIELO, procedente de Yahwéh.” Ahora bien, los que dicen que esa ciudad representa a los 144,000 que tendrán su morada eterna en el cielo, ¿cómo explican la bajada de la ciudad a la tierra? Según la descripción de Juan la ciudad bajará para quedarse aquí. Según la interpretación de los que ubican a los 144,000 en el cielo,¿cuándo bajarán los 144,000 del ciclo para quedarse aquí? (Si es que alguna vez van allá).

Considere esto: Algunos dicen que la ciudad que Juan vio en el cielo es el grupo de 144,000 que va reinar supuestamente en el cielo con el Mesías. Pero Juan dice que vio la ciudad que bajaba a la tierra. ¿No es eso una contradicción?

YESHUA EL PRECURSOR

Algunos han elaborado la teoría de que, como Yeshúa es nuestro “Precursor”, y un precursor es uno que se adelanta a entrar a un lugar donde otros entrarán después, entonces nosotros entraremos al cielo después de él. Es cierto que Pablo dice que Yeshúa entró al cielo como nuestro precursor. Pero ¡es que nosotros ya entramos al cielo tras Yeshúa! Considere esto: La “poderosa fuerza [de Yahwéh] obró en el Mesías cuando lo levantó de entre los muertos, y LO SENTO A SU DIESTRA EN LAS REGIONES CELESTIALES,” ‑Efesios 1:20. (Note la frase en letras mayúsculas.) De la misma manera “nos dio vida juntamente con el Mesías… y nos levantó juntamente con él, Y NOS HIZO SENTAR CON EL EN LAS REGIONES CELESTIALES, MEDIANTE EL MESIAS YESHUA” (24‑6).

Considere esto: ¿Qué significa “precursor?” ¿Entramos ya con Yeshúa a la presencia del Padre en el Lugar Santísimo, o no estamos todavía en la presencia del Padre?

De manera que nosotros ¡ya estamos delante del Padre en los cielos! Eso no es algo futuro, es una realidad presente. En ningún lugar dice que Yeshúa es el camino para ir a un lugar que se llama “cielo.” Pero sí dice que él es el camino al Padre (Juan 14:4‑6). Y ya estamos con el Padre, delante de su presencia. “Ya ustedes no son extranjeros ni peregrinos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Yahwéh.” (Efesios 2:19). No tenemos que esperar ir al cielo en un futuro para estar delante del trono del Padre; ya nos hemos “acercado confiadamente al trono de la gracia,” (Hebreos 4:16.)

Es cierto que Yeshúa entró como precursor al Santuario, pero entró allí “por” nosotros (Heb. 9:24), es decir, “en lugar de nosotros.” Y nosotros hemos entrado ya al Lugar Santísimo tras él. (Heb. 10: 19.) Cuando el sumo sacerdote hebreo entraba al lugar santísimo una vez al año, eso se contaba como si todo el pueblo hubiera entrado. Por eso, si el sumo sacerdote llegaba a ser destruido por la presencia de Yahwéh, todo el pueblo moría también. Así Yeshúa entró al Lugar Santísimo celestial en lugar de nosotros, y eso se cuenta como si todos hubiéramos entrado literalmente con él, tal como sucedía con el pueblo de Israel en el antiguo Templo de Jerusalem.

En cuanto a que el cielo sea la morada de Yahwéh donde nos reuniremos al fin con él, no es exacto decir que Yahwéh vive en el cielo, como si se tratara de un lugar limitado en el espacio exterior. Yeshúa mismo dijo que “el cielo es el trono de Yahwéh,” y “la tierra es el apoyo de sus pies,” (Mat. 5:34). De manera que esta tierra es parte de la morada de Yahwéh, es “donde apoya sus pies,” el primer cielo. Estamos a sus pies. El centro de su gobierno parece estar en el tercer cielo. Pero su presencia llena todos los cielos, y en cualquiera de ellos estamos en su presencia.

Considere esto: ¿En cuál de los tres cielos vivimos nosotros? ¿Es este cielo parte de la morada de Yahweh? Si es así entonces ya estamos en el cielo con él. Lo que falta es que sean restauradas todas las cosas mediante la obra del Reino milenario del Mesías sobre la tierra.

RESUMEN

Hechos 3:19‑21 ‑ Los primeros creyentes esperaban la restauración de la tierra.

Rom. 8:18‑23 ‑ Esperaban la redención del cuerpo, no que se eliminara.

1 Cor. 15:51‑53 ‑ Esperaban el cambio de un cuerpo mortal a un cuerpo inmortal.

1 Tes. 4:14‑17 ‑ Esperaban la resurrección del cuerpo y la reunión con Yeshúa.

Tito 2:13 ‑ La bendita esperanza no era ir al ciclo sino la aparición de Yeshúa.

Tito 3:7 ‑ La esperanza de los creyentes es tener vida eterna.

1 Ped. 1: 3,4,13; 5:4 ‑ La corona de la vida se nos traerá a la tierra.

2Ped. 1: 10, 11 ‑ La meta es la entrada a Su reino no al cielo etéreo.

Heb. 11:26,40 ‑ La recompensa es ser hechos perfectos, no un viaje espacial.

Rev. 22:12 ‑ La recompensa bajará a la tierra con Yeshúa cuando él venga.

Sal. 115:16: Prov. 10:30; Prov. 10:30; Prov. 10:30; Prov. 10:30 ‑La herencia prometida en las Sagradas Escrituras a todos los santos de todas las épocas en todo los lugares es la tierra como morada eterna y perfecta. (La idea de que la tierra es mala se origina en la filosofía platónica pagana.)

Fil. 3:20; Prov. 10:30; Prov. 10:30 – Tener la ciudadanía en los cielos significa tener nuestros nombres registrados en los libros del cielo, no que el cielo sea nuestra morada.

Heb, 11: 10 ‑ Abraham buscaba y esperaba una ciudad real.

Rev. 21:2, 9‑10 ‑ Esa ciudad bajará cielo en el Milenio.

Mat. 5:3 4 ‑ Yahwéh vive en todo el cielo, no en una sola ciudad.

Juan 14:4‑6 ‑ Yeshúa es el camino al Padre, no al ciclo.

Efe. 1:20 ‑ En él ya fuimos al Padre y estamos sentados con él en las regiones celestiales.

Efe. 2:5,6 ‑ Ahora mismo estamos delante de la presencia del Padre.

Efe. 2:19 ‑ Ya no somos extranjeros sino ciudadanos, ahora mismo.

Heb. 4:16 ‑ Ahora estamos ante el trono del Padre en el Santuario.

Heb. 10: 19,20 ‑ Yeshúa entró como precursor “por nosotros “.

Heb. 10:22 ‑ Nosotros entramos con él ya, como entraba Israel en el Santuario.