Por José Alvarez (Yosef)

El emperador religioso papa Francisco, a semejanza del emperador romano Adriano y de la UNESCO, ha emprendido una agenda para borrar de la Tierra la adoración verdadera y sustituirla por su religión paganizada, ecléctica e idolátrica.

En contra de los postulados de su propia religión romana, este súper papa moderno ha abierto las puertas de su imperio religioso a personas que tradicionalmente eran dejadas fuera, como los divorciados, los homosexuales, lesbianas, travestis, transgéneros, y a los evangélicos, los protestantes y los ateos.

En contra de toda la evidencia histórica y erudita de los sabios, tanto católicos como evangélicos, de que el nombre de Yahvéh (o Yahwéh) es el nombre correcto que el Creador le reveló a Israel y que se registra en la Biblia, este papa latino ha decretado que ese único nombre distintivo del Todopoderoso no es correcto y que no debe ser utilizado para identificar al Creador, y que en su lugar debe llamársele “El Señor”, el mismo título-nombre que le dan todos los pueblos paganos a sus ídolos y deidades falsas.

Y en los medios noticiosos del mundo ya es noticia de primera plana la intención del papa Francisco de recibir en el seno de la Iglesia Católica a los evangélicos y protestantes que decidan cobijarse a la sombra del papado católico como el Jefe espiritual de toda la cristiandad, so pena de ser marcados y anatematizados.

En otras palabras, parece que se vislumbra ya el surgimiento de la Bestia del Apocalipsis que antes hablaba como manso cordero y de pronto sale rugiendo como león rapaz. El resurgimiento del antiguo imperio romano cristiano se está haciendo realidad en pleno siglo 21, en las narices de los gobiernos democráticos que postulan la libertad religiosa para todos y la separación de iglesia y estado.

Por otro lado el islam, religión tradicionalmente implacable contra toda otra religión, se multiplica en todo el mundo como güimos, se infiltra rápidamente en naciones incautas que le abren las puertas y se apodera cada vez más de sectores importantes de grandes naciones en Europa y otros lugares, que se convierten progresivamente en focos generadores de terroristas internos.

Y por otro lado el espiritismo y filosofías similares del paganismo han infiltrado exitosamente al mundo cristiano con su doctrina de la inmortalidad del alma humana, la cual pone las bases para otras doctrinas paganas como la reencarnación, la transmigración de las almas, el ocultismo, el misticismo y la cábala. Toda esta amalgama de doctrinas y prácticas religiosas eclécticas, sazonadas con el movimiento carismático pentecostal que cunde en todas partes, prepara de manera eficaz el camino para el surgimiento del Antimesías, llamado Anticristo.

Y ahí tenemos a los tres espíritus semejantes a ranas inmundas que se predice en el Apocalipsis que “salen a todo el mundo” para cumplir su obra demoniaca:
Apocalipsis 16:13

Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas. 14 Porque son espíritus de demonios, que hacen señales, para ir a los reyes de la tierra y de todo el mundo, para congregarlos para la batalla de aquel gran día del Poderoso Omnipotente. (Reina Valera Restaurada 2016).
Esa batalla final entre el bien y el mal no se dará sin que antes se cristalice la unión forzada de las religiones del mundo ante un solo líder y que comience la persecución religiosa contra los disidentes que no acepten el dominio del nuevo imperio romano-islámico. Este escenario parece más cercano que nunca antes; y todo se desarrolla ante los ojos de los ingenuos gobernantes de las naciones que no saben ni papa de la Biblia y que sólo viven para engordar sus cuentas bancarias y engañar a los pueblos con promesas que saben que no podrán cumplir.

El escenario está preparado; los actores están adiestrados; los pueblos están dormidos; los religiosos están ebrios con el vino de la copa babilónica de doctrinas falsas. Así que sólo falta que los cuatro ángeles de Apocalipsis 7 cesen de cumplir su misión de detener a los cuatro vientos devastadores para que finalmente se desate la batalla “del gran día del Poderoso Omnipotente en Har Meguidó (o Armagedón)”.

¿Qué tal si nos ponemos a estudiar de nuevo las profecías de la Revelación?

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