A la Luz de Los Preceptos Divinos # 10

“No codiciarás” Shemot 20:17 (Éxodo)

YaHWéH registró el décimo mandamiento en el libro de Shemot 20:17 El enunciado completo dice así: “No desearás la casa de tu prójimo: no desearás la esposa de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo”.

YAhoShúa dejó claro en sus enseñanzas que la Torah de su Padre YaHWéH se extiende más allá de nuestras acciones ya que abarca nuestros pensamientos y de allí nuestras actitudes; la codicia y todo pecado comienza en nuestro corazón: “Pero lo que sale de la boca viene del corazón, y eso contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre… Mateo 15:18-20.

Hebreos 4:12 dice: “Porque la Palabra de Yahwéh es viva y eficaz, y más penetrante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta tocar los sentimientos y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones de la mente.

Según Shalíaj Shaúl (Apóstol Pablo), existe una conexión entre la avaricia y el 2° mandamiento que es la idolatría:

“Por lo tanto, hagan morir lo que hay de terrenal en ustedes: fornicación, impureza, bajas pasiones, malos deseos y la avaricia, que es idolatría. A causa de estas cosas viene la ira de Elohim sobre los rebeldes.” (Colosenses 3:5-6).

También se refirió a este mismo asunto en:

Efesios 5:5: “Porque esto ustedes lo saben muy bien: que ningún fornicario ni impuro ni avaro, el cual es idólatra, tiene herencia en el reino del Mashíaj y de Elohim.

Por tal motivo YaHoShúa nos dijo:

“No acumulen para ustedes riquezas en la tierra, donde la polilla y el moho corrompen, y donde los ladrones irrumpen y roban. Más bien, acumulen para ustedes riquezas en el cielo, donde ni la polilla ni el moho corrompen, y donde los ladrones no irrumpen ni roban. Porque donde esté tu riqueza, allí estará también tu corazón.” (Mateo 6:19-21).

En la Toráh, se registran  muchos ejemplos de codicia que nosotros debemos meditar y aprendamos de ellos, tales como cuando Dawid codició a BatSheva:

“Una vez al atardecer, Dawid se levantó de su cama y se paseaba por la azotea del palacio real; y vio desde la azotea a una mujer que se estaba bañando. La mujer era muy bella y el rey mandó alguien a preguntar por la mujer. Este informó: “Ella es BatSheva hija de Eliam [y] esposa de Uriyah el jetita”Dawid envió mensajeros para tomarla; ella vino a él, y él se acostó con ella –ella acababa de purificarse después de su período– luego ella regresó a su casa. Shemu’el Bet  11:1-4  (2 Samuel).

El 2° hecho lo encontramos en Melakhim Álef (1 Reyes 21:1-6) cuando el Rey Acab codició la viña de Nabot:

“Ajav le dijo a Navot: “Dame tu viña para que me sirva como huerto de verduras, ya que está junto a mi palacio. Yo te daré a cambio otra viña mejor. O si prefieres, te pagaré su precio en dineroPero Navot le respondió: ¡Yahweh me libre de darte lo que he heredado de mis padres!” Ajav se fue a su casa desanimado y enfadado por la respuesta que le había dado Navot de Yezreel, pues le dijo: “No te voy a dar lo que he heredado de mis padres”. Se acostó en su cama, volteó la cara y no quiso comer. Izével, su esposa, fue donde él y le preguntó: ¿Por qué está tan desanimado tu espíritu que no quieres comer? ”Y él le respondió: “Porque hablé con Navot el yezreelita y le propuse: ‘Véndeme tu viña por dinero; o si prefieres, te daré otra viña por ella’. Y él respondió: ‘No te voy a dar mi viña”.

En ambos casos, este pecado comenzó en el pensamiento y trajo como consecuencia una transgresión aun más grave: el homicidio. En este ultimo mandamiento, el Eterno se está refiriendo a los deseos, no a las necesidades, sino a la envidia, a la codicia por la posesión, cuyas consecuencias son la infelicidad, el odio, egoísmo y la soberbia. Es decir, todo lo que nos aparta de su presencia.

Cuando  nos dejamos arrastrar por nuestros malos pensamientos, estos nos conducen a transgredir los Preceptos del Eterno y por ende, a la misma muerte; Shalíaj Shaúl (Apóstol Pablo) escribió:

“No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé vivir en la pobreza, y sé vivir en la abundancia. En todo lugar y en todas las circunstancias, he aprendido el secreto de hacer frente tanto a la hartura como al hambre, tanto a la abundancia como a la necesidad. Todo lo puedo en Aquel que me fortalece”… (Filipenses 4:11-13).

“A los ricos de la era presente manda que no sean altivos, ni pongan su esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en YaHWéH, quien nos provee todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos”. (1 Timoteo 6:17).

El deseo es bueno y honesto cuando nos impulsa al progreso en la vida, no necesitamos apropiarnos de los bienes ajenos porque las cosas materiales son sólo un medio para la vida, no el fin; somos un  alma que tiene un cuerpo y no al revés.

“Pues, ¿de qué le sirve al hombre si gana el mundo entero y pierde su vida? ¿O qué dará el hombre en rescate por su vida? Matityahu 16: 26 (Mateo).

En Lucas 12:19 YaHoShúa les dijo:

Miren, cuídense de toda codicia, porque la vida de uno no consiste en la abundancia de los bienes que posee…

Y continua en los Vers. 20 al 21:

“Pero Elohim le dijo: ‘Necio, esta noche vienen a reclamar tu vida; y lo que has amontonado, ¿para quién será?Así pasa con el que acumula tesoro para sí mismo pero no es rico para con Elohim”.

En resumen, este Precepto apunta a la actitud de nuestro corazón y lo que ocurre en lo profundo de nuestro ser. Codiciar es desear con ansias algo que le pertenece a otra persona. Al codiciar mostramos insatisfacción con lo que YaHWéH nos ha concedido en la vida. En vez de agradecerle por sus bendiciones y bondades, nos comparamos con los demás y encontramos faltas en aquello que Él nos ha provisto; esta actitud desagrada al Eterno pues Él tiene cuidado de toda su creación y es quien cada día nos suple en todas nuestras necesidades, tanto espirituales como físicas.

Como hijos de YaHWéH debemos ser agradecidos y contentarnos por la parte que se nos ha entregado; al enfocarnos en sus bondades y en su amor, en la salvación que nos ha concedido, no quedará espacio en nuestros corazones para la insatisfacción…

Nos puede parecer imposible o muy difícil cumplir con todos estos Diez Preceptos en todo momento los cuales hemos estudiado hasta hoy. No obstante, depende de cuán llenos estemos del amor de YaHWéH y de su espíritu de Santidad. Mientras más busquemos de Él más desearemos agradarle y obedecerle. Dediquemos más tiempo al Eterno cada día, elevemos ante Él nuestra adoración, alabanza y también nuestras cargas y luchas porque YaHWéH es nuestro Elohim, quien nos provee de fortaleza  para permanecer fiel en este mundo perverso…

Para concluir con este último y gran mandamiento les dejo esta anécdota:

Cierto día un mercader ambulante iba caminando hacia un pueblo. Por el camino encontró una bolsa con 800 dólares. El mercader decidió buscar a la persona que había perdido el dinero para entregárselo pues pensó que el dinero pertenecía a alguien que llevaba su misma ruta.

Cuando llego a la ciudad, fue a visitar a un amigo.

– ¿Sabes quién ha perdido una gran cantidad de dinero? – le preguntó a éste.
– Sí, sí. Lo perdió Juan, nuestro vecino, que vive en la casa del frente.

El mercader fue a la casa indicada y devolvió la bolsa. Juan era una persona avara y apenas terminó de contar el dinero gritó:

– ¡Faltan 100 dólares! Esa era la cantidad de dinero que yo te iba a dar como recompensa. ¿Cómo lo has agarrado sin mi permiso? Vete de una vez. Ya no tienes nada que hacer aquí.

El honrado mercader se sintió indignado por la falta de agradecimiento. No quiso pasar por ladrón y fue a ver al juez.

El avaro fue llamado a la corte. Insistió ante el juez que la bolsa contenía 900 dólares. El mercader aseguraba que eran 800. El juez, que tenía fama de sabio y honrado, no tardó en decidir el caso. Le preguntó al avaro:

– Tú dices que la bolsa contenía 900 dólares, ¿verdad?
– Sí, señor – respondió Juan.
– Tú dices que la bolsa contenía 800 dólares – le preguntó el juez al mercader.
– Sí, señor.
– Pues, bien -dijo el juez- considero que ambos son personas honradas e incapaces de mentir. Te considero honrado a ti porque has devuelto la bolsa con el dinero, pudiéndote quedar con ella. También considero honrado a Juan, porque lo conozco desde hace tiempo. Esta bolsa de dinero no es la de Juan; la de él contenía 900 dólares. Ésta sólo tiene 800. Así pues, quédate tú con ella hasta que aparezca su dueño. Y tú, Juan, espera que alguien te devuelva la tuya. Muy bien hay un refrán por allí que dice “La avaricia rompe el saco.”

“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Yahweh, y guarda sus Mandamientos; porque esto es el TODO del hombre”, o como lo dice la versión inglesa, con mas apego al original hebreo: “porque esto constituye el hombre ENTERO o COMPLETO” Eclecisiartes (Qohélet 12:13).

Espero que este pequeño aporte realizado dirigida primeramente por la Ruaj y con sincero corazón, nos haya servido para reflexión y edificación, obedeciendo así a nuestro amado Padre Eterno con gozo y alegría… Toda la Kavov (Honra) sea para Él…

Se les ama en el Poderoso Nombre de YaHoShúa nuestro Mashiaj…

Shalom a todos…

Su servidora, Nuris Rodriguez.