Ampliando Nuestro Horizonte

La tecnología está avanzando a pasos agigantados. Es sorprendente enterarse de los últimos implementos que hacen más fácil nuestras vidas y amplía nuestro horizonte.

Recuerdo que cuando era muy niña, mis padres veían la televisión en blanco y negro. Para ese entonces habría sido divertido indagar en sus mentes y poder saber de qué color se imaginaban los trajes de los personajes de sus películas favoritas. Si hubiesen expresado sus ideas, seguro se hubiesen entretenido un rato entre la diversidad que sugería su imaginación.

No pasó mucho tiempo en mi vida, cuando llegó la innovación de ver los programas en sus colores reales. La televisión se hizo más entretenida y fascinante.

A través de las noticias nos enteramos de nuevos inventos que hacían más cómodos los quehaceres del hogar, los implementos para el trabajo, las telecomunicaciones, el apoyo en la ciencia y la salud, etc.

Cada vez, nuestro horizonte se ampliaba más. Nuestra mente se abría al proponernos aprender nuevos métodos que imponía la tecnología, si no queríamos quedarnos en lo obsoleto.

Los niños fueron naciendo con capacidades más desarrolladas que antes, para adaptarse a su realidad, que era nueva y deslumbrante para nosotros.

La mente tiene mucha capacidad de adaptación y aprendizaje, nosotros mismos le podemos poner límites o permitir que continúe expandiéndose, para bien o para mal.

Una de las herramientas tecnológicas que me asombra es como ha avanzado la cámara de vídeo. ¿Quién no ha visto en fotos antiguas el tamaño de las cámaras de vídeo o las fotográficas? ¡No podían pasar muy desapercibidas que digamos! Todo el mundo en su derredor se daba cuenta con facilidad cuando instalaban el trípode, los cables, las luces, el ir y venir de los técnicos, de los camarógrafos, etc. Para tratar de captar alguna escena, real o ficticia.

¿Has visto los drones? El tamaño de las cámaras que les adaptaron y la capacidad de visibilidad son impresionantes, a mi parecer.

Si antes tenía que subir a una escalera para ver el techo de mi casa, con un dron se puede apreciar mi techo y mucho más alrededor.

¡Cuánto se ha ampliado mi capacidad mental desde que era muy chiquita, cuando la televisión estaba pasando de programas en blanco y negro a la actualidad!

De manera similar sucede con nuestros problemas. Cuando nuestra capacidad visual se limita a observar los problemas que nos afectan sin pasar más allá de nuestro cabello o nuestros pies, creemos que somos los únicos que sufrimos; que a nadie más en el mundo le sucede lo que experimenta uno, nos sentimos solos y desesperados. Es posible que las malas experiencias con personas ensimismadas, nos hayan colocado en la misma situación. Pero debemos abrir nuestra mente.

Debemos ampliar un poco más nuestro horizonte y elevar nuestra mirada como un dron; es necesario darnos cuenta del que está a nuestro lado y que también sufre. No para caminar a su lado hasta un abismo sin fondo, sin esperanzas y lamentarse por las desgracias que los une o identifica. Más bien para hacer un alto en nuestro ensimismamiento y tratar de ser útil a los demás.

Es muy probable que en nuestro monólogo digamos que si no puede uno sobrellevar sus propios problemas, qué se le puede ofrecer a esa persona; si no se sabe qué hacer con uno mismo, qué se puede hacer o decir al otro. Pero muchas veces, basta sólo con escuchar o con estar ahí, con prestar su hombro como apoyo y quizás ser un pañuelo para no dejar caer sus lágrimas al suelo árido e indiferente.

Esto ampliará nuestro horizonte y no sólo eso, el sentirnos útil instrumento del Todopoderoso, trae consuelo a nuestras vidas. Somos sus manos, sus pies, sus brazos, todo lo que Él quiera usar para su gloria. Pero debemos verdaderamente estar dispuestos a ser sus instrumentos. Permitamos que extienda su ayuda al necesitado a través de nosotros. Hay muchísimas personas necesitadas. Hay muchísimas personas indiferentes. No seamos una más del grupo.

Nuestro Padre celestial es tierno y compasivo y sabe todo acerca de nosotros. No ignora nuestros problemas. Tampoco deja sin atender nuestras oraciones cuando le pedimos que nos transforme, que nos haga sus instrumentos y que seamos de bendición para los demás. Con el corazón en la mano, respondamos: “¡aquí estoy, a tus órdenes!”

Confía en Yahwéh y haz el bien, vive en la tierra y practica la verdad; busca el favor de Yahwéh y él te concederá los deseos de tu corazón. Déjale todo a Yahwéh; confía en él y él obrará” Salmo 37: 3-5.

Francy Gonzalez.