EL ATALAYA

“No se dormirá el que te guarda…”

 

A tu lado siempre estuve

tan cerca que no podías verme.

Incluso levantando tu mirada

escondido detrás de una nube.

Tan fiel como tu sombra que no duerme,

como el guardián de la torre fuerte.

 

El enemigo rodeó tu Luz

para que no resplandecieras.

Y en medio de la adversidad

en penumbras te cubrí con mis alas.

Guardando tu luminosidad

hasta donde no podía más.

 

Desfallecía librando tan duro combate,

agitando el manto celestial,

sin percatarme que al final,

en el fragor de la lucha,

se quebraron tus alas

pagando el precio de amar.

 

¡Oh, Atalaya con tan bella misión!

De proteger al amado de Dios

entregando intensamente su corazón.

Aunque falle mil veces en la intentada

y reciba en tus alas duras punzadas,

cuidarte como Atalaya siempre será mejor.

 

Víctor Ocando