El perdón bajo el microscopio

Existen diversas razones por las que se suele justificar el hecho de no poder perdonar a otra persona o a sí mismo. Sea cual sea el motivo, se entiende que no es tan fácil hacerlo.

La mente tiene la capacidad de retener diversos sucesos de la vida, ya sean estos producto de situaciones positivas o negativas. Los recuerdos se adhieren a la memoria de manera persistente, a menos que se trate de alguien con una enfermedad fisiológica, trastorno psicológico o problema congénito que impida recordar de manera voluntaria. Hay varias enfermedades que causan la pérdida de la memoria, incluso accidentes que la provocan.

Existen personas a las que se les hace difícil olvidar episodios que les causaron un gran dolor, rabia, injusticia, tristeza…

Sabemos que vivir con este tipo de recuerdos, es muy complicado y además, hace que volvamos a experimentar el mismo sentimiento que sufrimos cuando pasamos por ese momento tan desagradable. A pesar de eso, deseamos tener paz, tranquilidad mental, equilibrio sentimental y salud física.

Es muy interesante llegar a entender cómo el rencor afecta nuestra salud física y emocional. Las personas que padecen las consecuencias de este sentimiento deben invertir dinero para lograr alivio a este problema; se invierte dinero y tiempo en consultas médicas y en medicamentos. Para muchos es bastante beneficioso el resultado de estos procedimientos científicos y químicos.

Varios estudios científicos han observado el tipo de hormona que se activa a raíz de la manifestación del resentimiento y el enojo. El cortisol es una de ellas. Esta hormona es producida por la glándula suprarrenal y controlada por el hipotálamo. El problema se presenta cuando ocurre un aumento del cortisol, pues se libera en respuesta a una situación de estrés con la finalidad de restablecer una condición interna estable en el individuo. De tal manera que al insistir en mantener el rencor, se sobreestimula el cortisol, provocando una serie de afecciones en el organismo, que en algunos casos llegan a ser de gravedad.

Por otro lado, la hormona llamada oxitocina, producida en el hipotálamo, se libera para modular comportamientos sociales y sentimentales – entre otra variedad de situaciones – con la finalidad de estimular sentimientos como el amor, el placer y el bienestar.

Estudiosos de esta hormona afirman que la resolución de conflictos y el abandono del resentimiento hacia otra persona estimula ciertos mecanismos del sistema parasimpático que pueden causar un aumento de la oxitocina, contribuyendo a obtener una mejor calidad de vida, mejorando la presión arterial, el sistema inmune, y la disminución tanto del estrés como de la ansiedad.

Para tener logros en la resolución de conflictos y en la disolución de resentimientos, se hace necesario acudir a expertos que tengan herramientas eficientes que contribuyan al mejoramiento de la personalidad, de tal manera que ese cambio sea realmente genuino. Sin embargo, no se trata sólo de ir y tocar la puerta de un consultorio médico. Antes de eso, es necesario que el que padece de estos sentimientos de rencor, reconozca el daño que se produce a sí mismo al permitirse convivir con tal animadversión.

Se puede notar su mejora luego de una o varias asistencias al especialista, sin embargo, si los miedos, inseguridades y recriminaciones persisten, es muestra de que las heridas emocionales no han cicatrizado.

Hay un paso que realizar aún antes del reconocimiento de dicha emoción. Ese paso es fundamental en el individuo como ser espiritual. Se trata del paso que lo lleve a estar en la presencia del Padre celestial. Hay un Camino que nos lleva a Él en cualquier momento de nuestras vidas.

En Las Sagradas Escrituras, en el libro de Mateo capítulo 11:28 nuestro Mesías dijo:

“Vengan a mí, todos los que están agobiados y cargados, y yo los haré descansar.

Es un gran alivio saber que podemos contar con alguien más fuerte que nosotros y nuestros problemas, para ayudarnos a sobrellevar toda esta situación. Él sabe que se nos hace difícil reconocer nuestros padecimientos para luego afrontar la ardua tarea de hacer conciencia de que están allí adentro y aceptar que debemos resolver la situación.

Yahoshúa está esperándonos, así como también nuestro amoroso Padre celestial; queda de nuestra parte tomar acción para movernos y aproximarnos y estar dispuestos a recibir la sanidad que nos ofrecen.

Luego de experimentar la paz del perdón, es posible que nos sorprendamos recordando de vez en cuando los episodios que nos hicieron sentir rencor; pero si al recordarlos no tenemos miedo, odio o dolor; es muestra de que hemos sido sanados de manera eficaz, a pesar de que haya quedado alguna cicatriz, pues toda herida deja una. Lo importante es avanzar, no quedarse contemplando la cicatriz y permitir sentir lo que ya hemos superado con la ayuda del Creador Omnipotente.

Sabemos entonces que la cicatriz estará ahí, mirémosla de lado sólo para agradecer y continuar nuestro camino, disfrutando de las bendiciones que nos esperan y tratando de recuperar el tiempo perdido. Experimentemos y agradezcamos la activación de la oxitocina.

¡Que tengamos paz!

Shalom!

Francy González