Fe Guiada

Fe Guiada

Hoy murió una señora muy querida, murió de Covid, esta peste que está azotando al mundo entero. Aunque la muerte ha sido una realidad que nos ha acompañado durante todo nuestra existencia como humanidad, no hemos podido adaptarnos a la pérdida de un ser querido. Su ausencia nos afecta mucho. Nos pone susceptibles, saca de nuestras entrañas un profundo dolor que predomina todo mal recuerdo, suprime todo rencor y aumenta nuestra añoranza por esa persona que falleció.

En medio de nuestra profunda tristeza, deseamos tener la oportunidad de volver a abrazar, conversar, escuchar y ver a esa persona. Sin embargo, la realidad de que no es posible que regrese, profundiza nuestra herida.

Ese dolor, saca lo mejor de nosotros: ya no tenemos rencor, todo lo perdonamos.

Muchas personas acuden a eventos fantasiosos para aliviar el dolor: imaginan que esas personas andan por ahí, mirándonos, cuidándonos e incluso, haciendo milagros. Las colocamos en un pedestal que pasamos a convertirlas en personajes divinos y así justificamos tipos de adoraciones que distraen nuestra realidad ante el dolor de una pérdida tan valiosa.

Tenemos que ser capaces de enfrentar nuestro dolor y aceptar que esa persona está inconsciente e inocente de todo lo que nos inventamos para tenerla “viva” y suprimir nuestra frustración ante un poder tan grande como la muerte.

La muerte es una realidad que se ha tratado de revertir de muchas maneras, creando diferentes métodos para vencerla. La ciencia ha avanzado mucho en este vano intento. La inteligencia humana ha demostrado su gran capacidad al lograr el alargamiento de los años de vida empleando diferentes métodos y aplicando con destreza todo lo que ha logrado descubrir.

Sin embargo, la muerte sigue entre nosotros.

Cuando este inevitable evento se presenta, quitándonos a un ser querido, debemos tener paciencia con nuestro dolor y esperar que experimente su propio proceso de superación de esta realidad, pues “todo tiene su tiempo” y todo pasa.

El sol sigue saliendo, las aves siguen trinando, la brisa sigue soplando… La gente va y viene en sus actividades. Los otros seres amados que nos rodean, siguen estando allí, a nuestro lado.

El que está solo, por alguna circunstancia, necesita que lo acompañe su fe.

Todos necesitamos fe, confianza, esperanza.

Sin embargo, nuestra fe debe ser lógica, racional, guiada. Es necesario que guiemos nuestra esperanza y confianza hacia Alguien que siempre está para acompañarnos. Ese Alguien que muchos llaman Dios (Elohim – en hebreo). Elohim, cuyo nombre es Yahwéh, está dispuesto a consolarnos. En Él hayamos esperanza, ante el cumplimiento de todas sus promesas.

Su hijo, nuestro salvador, Jesús el Cristo (Yahoshúa el Mesías), venció la muerte a través de haber sido resucitado. Esta es una promesa para nosotros también, en cuanto regrese nuevamente. Todos los que creemos en Él y en su promesa, tenemos la maravillosa esperanza de ver nuevamente a nuestros seres queridos que están descansando ahora en el lecho de la muerte.

Francy Gonzalez.