GANAR AMISTAD CON LAS RIQUEZAS INJUSTAS

Yahoshúa se dirige a sus discípulos y les cuenta una historia. En esta ocasión, de un personaje muy rico que se entera que el mayordomo de su casa no estaba actuando honestamente.

Hay citas de la Torah que parecen contradictorias, pero no es así, todo tiene un sentido o un significado; por ejemplo, en la Besoráh (buena nueva) en (Lucas 16: 9), notemos lo que dice:

“Y a ustedes les digo: Gánense amigos con las riquezas injustas, para que cuando esto acabe, los reciban a ustedes en las moradas eternas”. VIN (Versión Israelita Nazarena).

Cuando leemos esto sobre las riquezas injustas, suena como que el dinero obtenido por nosotros injustamente lo debiéramos utilizar para los demás.

Lo primero que tenemos que conocer es la etimología de la frase “Riquezas Injustas”; esta proviene del griego “tes adikias”. La moralidad de este rubro se da al hombre dependiendo el uso que se le dé, ejemplo: un billete de 10 dólares puede tener un uso inadecuado para comprar estupefacientes en una mañana, pero éste mismo billete puede estar en las manos de un Creyente honrado por la tarde del mismo día, dado que el efectivo circulante se transporta muy rápidamente, luego el Creyente lo da como ofrenda para los niños huérfanos y a los pobres de la ciudad.

El dinero no tiene moralidad, es sin justicia o sea injusto, por lo tanto, lo que nuestro adón (Amo/Maestro)  Yahoshúa nos quiere ilustrar, es que se utilice el dinero que es injusto, para las cosas de Elohim y la inversión de los verdaderos amigos, que son las almas que debemos ganar para Él con nuestra habilidad.

Como vemos en el relato de ciertos religiosos que querían tenderles una trampa haciéndoles una pregunta:

“¿Es justo pagarle impuestos al Cesar, o no?”

Por el cual el Mashíaj (Mesías) en repuesta les preguntó:

“¿De quién es la insignia que hay en la moneda (Injusta e Imperial)?

Ellos dijeron:

“¡Del César!”

Al cual les replicó:

“Den al César lo que es del César y a Yahwéh lo que es de Yahwéh. (Mateo 22: 15-21).

Cabe destacar, que el mayordomo pensó en su futuro, porque no sabia hacer otra cosa que administrar, por lo que, actuó con astucia de ganar amigos en los deudores de su amo, desapareciendo una parte de la deuda de ellos con su amo.

El Adón (Amo/Maestro) al cual se representa en esta parábola no elogió la estafa, sino la sutileza del mayordomo, ya que, los gentiles del mundo, al elegir sus objetivos son necios, pero en su actividad, su permanencia y sagacidad, son a menudo más ingeniosos que los mismo creyentes. En otras palabras usar la misma sagacidad o poder de convencimiento cuando estos comercializan, de manera que utilicemos esas tácticas, para atraer a estas personas, y quien quita, y Yahwéh lo induzca al arrepentimiento y sus deudas sean perdonadas, a estos que utilizan la mayor parte del dinero en lo que no es pan (Isaías 55: 2).

¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, sus ganancias en lo que no satisface?…

Nuestro deber, es que inviertan en las cosas espirituales, así evitar a que solamente seamos esclavos del trabajo secular para obtener riquezas injustas; donde nuestro maestro en lo espiritual nos invita a acumular las riquezas (Obras bondadosas) en lo espiritual, pero también a cuidar los bienes de nuestro Adón (Amo/Maestro) Yahoshúa de los malvado (Mateo 6: 19-21). De tal manera que podamos ser recibidos con agrado en el reino.

Por consiguiente, el Mashíaj (Mesías) dice que los que sean fieles al usar y cuidar sus posesiones materiales también serán fieles al atender asuntos de mayor importancia, como las responsabilidades o tareas que haElohim (El Poderoso) da a su amado pueblo.” (Lucas 16: 11).

En conclusión, lo que Yahoshúa nos quiere aconsejar, es que se nos pedirá cuenta para entrar “en las moradas eternas”. No podemos ser esclavos de Yahwéh y, al mismo tiempo, de las riquezas injustas. De modo que Yahoshúa termina diciendo:

“Ningún sirviente puede ser esclavo de dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o le será leal a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden ser esclavos de Yahwéh y a la vez de las Riquezas”. (Lucas 16: 9, 13).

Guillermo Palacios.