La Gracia de Yahwéh sobre el Sirio Naamán – Parte 1

Autor: José López

Lucas 4:27 También había muchos leprosos en Yisrael en el tiempo del profeta Elishá, pero ninguno de ellos fue sanado, sino el sirio Naamán”. (Versión Israelita Nazarena).

El  Mesías Yahoshúa hizo esta declaración en Natséret (Nazaret), haciéndoles saber a sus conciudadanos que varias veces Elohim escogió salvar extranjeros por medio de sus profetas,  en lugar de hacerlo a personas de Israel, porque a pesar de no ser estos del pueblo que recibió la Toráh, y por lo tanto no tener las enseñanzas del Eterno, tenían más fe que los israelitas, creían en la palabra de Yahwéh dada a través de sus siervos los profetas. Naamán El Sirio es un ejemplo de ello, hombre extranjero que creyó en la palabra profética y fue sanado.

En la historia bíblica los nombres estaban íntimamente relacionados con el ser de la persona que los portaba. El nombre Naamán significa dulce, agradable, amable. Es costumbre describir a Naamán como el guerrero, también como el hombre arrogante que se presentó ante Elishá (Eliseo) el profeta de YHWH, y aunque ambas cosas son ciertas, el nombre nos revela otra faceta en la vida de Naamán, según su nombre debió ser un hombre amable y agradable, probablemente con sus conciudadanos, en su hogar, como padre, esposo y amo, esto explicaría perfectamente la conducta de su sierva, al querer ayudar a un amo justo y agradable, y también el amor demostrado por el rey de Siria a Naamán. (La historia de Naamán se relata en el libro de 2 Reyes).

2 Reyes 5:1 “Naamán, comandante del ejército del rey de Aram, era un hombre muy importante delante de su amo y tenido en gran estima, porque por medio de él Yahwéh le había concedido la victoria a Aram. Pero el hombre, aunque era un guerrero valiente, estaba leproso”.

En este versículo introductorio a la historia de Naamán se nos presenta a este hombre como alguien muy importante dentro de la sociedad en la que se desenvolvía, con un cargo de poder e influencia. Debido a su jerarquía dentro del ejército, las victorias bélicas concedidas a su rey y la estima de este hacia Naamán, debió poseer riquezas. Era Comandante del Ejército del Rey, y muy apreciado por este.

Luego dice el versículo algo muy importante que es menester profundizar un poco: “porque por medio de él Yahwéh le había concedido la victoria a Aram (Siria)”. El éxito de Naamán como gran comandante para el ejército del Rey de Aram, era gracias al favor de Yahwéh, la palabra dice en:

Jacobo/Santiago 1:17 “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en quien no hay cambio, ni sombra de variación”.

Toda la prosperidad laboral, económica y personal de Naamán le venía por gracia de Yahwéh. El Eterno usó al profeta Elishá (Eliseo) para sanar a un leproso extranjero, un hombre de Siria, esto debió ser duro de aceptar por parte del pueblo hebreo en esa época, ya que el pueblo de Israel sufrió constante opresión del régimen Sirio, y teniendo tantos leprosos entre su pueblo, Yahweh escoja sanar a uno de sus enemigos, antes que a un hebreo.

La enciclopedia de la Watchtower afirma que este mismo rey (ben-Hadad II), fue quien sitió Samaria y  tuvo conflictos constantes contra el pueblo hebreo, (otros atribuyen estas acciones a su padre). Pero de una u otra manera la historia de guerra entre estas naciones de seguro creó resentimientos entre ambos pueblos. Un ejemplo de esto se refleja en el libro del profeta Yonáh (Jonás), quien a pesar de ser un profeta del Eterno, le desobedeció cuando Yahwéh le envío a Nineweh (Nínive), y es que le debió parecer inconcebible que Yahwéh tuviese misericordia con el opresor de su pueblo.

Entendiendo el contexto histórico es de suponer que en las acciones bélicas entre Siria e Israel, haya tomado parte activa y muy importante Naamán, y ahora era sanado por Yahwéh a través del profeta Elishá (Eliseo). Algo que debió parecer irónico e incomprensible para el pueblo de Yahwéh; pero Yahoshúa da la explicación, el motivo por el cual no fue sanado ningún leproso de entre los israelitas, y sí el Sirio; fue porque su pueblo no creyó en los profetas de Elohim.

Lucas 4:24 “Y añadió: En verdad les digo, que ningún profeta es acepto en su tierra. 25 Y Pero en verdad les digo que muchas viudas había en Yisrael en los días de Eliyahu (Elías), cuando el cielo se cerró por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; 26 pero a ninguna de ellas fue enviado Eliyahu (Elías), sino a una mujer viuda en Tsarfat de Tsidón (Sarepta de Sidón). 27 También habían muchos leprosos en Yisrael en el tiempo del profeta Elishá (Eliseo); pero ninguno de ellos fue limpiado, sino el sirio Naamán”.

Naamán es un tipo del pueblo gentil que obtuvo la gracia de Yahwéh por fe. Deut. 32:19-21:

19 “Yahwéh lo vio, y se enojó y despreció a sus hijos y a sus hijas. 20 Dijo: Ocultaré mi rostro de ellos, y veré como les va al final; porque son una raza traidora, hijos sin ninguna lealtad. 21 Me disgustaron con no-deidades; me enojaron con sus vanidades, yo los disgustaré con un no-pueblo, los enojaré con una nación de necios.

Naamán y el ejercito Sirio fueron herramientas de Yahwéh para castigar y corregir a su amada (la nación de Yisrael), como se citó con anterioridad “porque por medio de él YHWH le había concedido la victoria a Aram”. Además, fue usado por El Padre Eterno para dar un mensaje a esa generación y las futuras de que Yahwéh es El Todopoderoso de todas las naciones, y que enviaría a su hijo a limpiar al hombre del pecado, como a Naamán de la lepra, a través de la fe de todos aquellos que crean en su palabra.

Gálatas 3:26-29.

26 Así que, todos ustedes son hijos de elohim por medio de la fe en el mashíaj yahoshúa; 27 porque todos los que se sumergieron en el mashíaj se han revestido del mashíaj. 28 ya no hay yahudita (judío) ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos ustedes son uno en el mashíaj yahoshúa. 29 y ya que son del mashíaj, ciertamente son descendencia de Avraham, herederos conforme a la promesa.

Ni las riquezas ni el éxito, el que la padecía no podía limpiarse de ella por sí mismo, (en ese tiempo no existía cura), la lepra lo consumía lentamente deformando sus facciones, hasta convertirlo en un maloliente despojo humano, casi irreconocible. Así, el pecado actúa en el hombre que fue creado a imagen y semejanza del Eterno, va destruyendo esa forma espiritual original, transformándolo en una criatura muy distinta (espiritualmente hablando), totalmente separada de su creador y con un final de perdición y muerte inevitable.

2 Reyes 5:2-3

(2) Una vez, cuando los aramitas estaban en incursiones, se habían llevado cautiva de la tierra de Yisrael a una muchacha, la cual vino a ser asistente de la esposa de Naamán. (3) Ella le dijo a su ama: “¡Ojalá mi amo se presentara al profeta que está en Shomrón (Samaria)! El lo sanaría de su lepra”.

El versículo 2 relata que los Sirios en cuyo ejercito servía Naamán, se llevaron cautiva a una joven de Yisrael, la cual era asistente de la esposa de Naamán. No se puede dejar de lado recalcar que esta joven, vivía en su propia tierra y fue llevada cautiva como sierva a otra tierra, por el pueblo de Aram, una experiencia por demás traumatizante, que crea sentimientos de rencor que muy difícilmente se borran. Pero no así en esta joven muchacha, porque ella conocía y servía al Elohim de sus padres, a Yahwéh, que es un Elohim de misericordia y amor al prójimo. Es de admirar la bondad de esta sierva que a pesar de estar bajo la opresión de un pueblo extranjero, sirve a sus amos en obediencia y amor. También se cree que Naamán (significado del nombre: dulce y amable), fue un buen amo.

Esta joven da un ejemplo de fe al decirle a su ama que el profeta Eliseo lo sanaría de su lepra; tenía la certeza de que si Naamán se presentaba ante el profeta, Yahwéh le sanaría; no cerró su boca, proclamó las maravillas y prodigios que es capaz de realizar el Elohim de sus padres; quedaba de parte de sus amos creer e ir en busca del profeta. Esta pequeña joven fue la bujía, la chispa que encendió todo el plan divino alrededor de Naamán, se suele subestimar esta parte de la historia, pero de no ser porque esta joven habló de su Elohim, Naamán no se hubiese presentado ante el profeta para su sanación, aquí radica la importancia de proclamar las bondades del Eterno. Con la afirmación tan convincente de esta muchacha… “El lo sanaría de la lepra”, convenció a su amo de que partiera en busca del profeta de Yahwéh con una esperanza de sanación.

2 Re 5:4-7

(4) [Naamán] entró y le habló a su amo y le dijo exactamente lo que había dicho la muchacha que era de la tierra de Yisrael. (5) Y el rey de Aram le dijo: “Anda, ve al rey de Yisrael, que yo le enviaré una carta”. El salió, llevando consigo diez talentos de plata, 6.000 shékels de oro y diez vestidos nuevos. (6) También le llevó la carta al rey de Yisrael, la cual decía así: “Ahora, cuando esta carta llegue a ti, sabrás que yo te he enviado a mi cortesano Naamán, para que lo sanes de su lepra”. (7) Cuando el rey de Yisrael leyó la carta, rasgó sus vestiduras y dijo: “¿Acaso soy yo Elohim, para dar la muerte o dar la vida, y para que éste me envíe un hombre, para que yo lo sane de su lepra? ¡Vean por ustedes mismos que éste está buscando pretextos contra mí!”.

La Biblia textual, en su cita de 2 Reyes 5:5 dice en el texto bíblico, la palabra hebrea “sefer”, cuando alude a una carta, aparece relacionada, en la mayoría de los casos, con la realeza o la administración gubernamental y tiene una connotación oficial”. Con este comentario se entiende que la carta enviada al rey de Israel era un documento oficial, una orden del Rey de Siria al reino de Israel, por eso es de entender la desesperación del rey de Israel (Joram) quien rasgo sus vestiduras al recibir el documento, pensando que era una excusa para para ir en su contra.

En ese tiempo la lepra era una enfermedad incurable y contagiosa, por eso un leproso era despreciado y aislado, esto nos da una idea de lo respetado y amado que era Naamán por su amo, ya que seguía en su puesto en el ejército e ingresaba al castillo ante la presencia del rey, hay que enfatizar este hecho, es casi inconcebible pensar que algún leproso se presentara ante un rey. En Israel existían leyes específicas para el trato de los leprosos.

Levítico 13:45-46

(45) “En cuanto al leproso que tenga la infección, sus vestidos estarán rasgados, el cabello de su cabeza estará descubierto, se cubrirá el bozo y gritará: ¡Inmundo, inmundo! (46) Permanecerá inmundo todos los días que tenga la infección; es inmundo. Vivirá solo; su morada estará fuera del campamento”

Se consideraba que su sola presencia en un lugar contaminaba a los israelitas de manera tal que ni siquiera podrían acceder al templo ni hacer sacrificios a YHWH hasta ser declarados sanos por el sacerdote y pasar un proceso de purificación, sin embargo, tal era la posición de Naamán que estas leyes fueron obviadas, y entró al palacio y estuvo en presencia del rey Joram, quien luego de su visita según las leyes hebreas debió pasar un ritual de purificación.

El rey de Siria quiso ayudar a Naamán, pero no entendió que no estaba en sus manos, ni en las manos del rey Joram, proveer la cura a la lepra de Naamán, quiso a través de su posición de poder, como monarca de una nación dominante sobre el pueblo hebreo, presionar al monarca de Yisrael a través de una carta para que su siervo fuese sanado, además envió plata, oro y ropas, sin entender que la misericordia de Yahwéh no se compra, ni necesita ofrendas materiales como los dioses falsos que idolatraban las naciones paganas.

A continuación se mencionan en medidas de peso actuales, las dádivas llevadas por el leproso, para que se entienda que no fueron pocas las riquezas que llevaba Naamán:

  • 10 talentos de plata = aproximadamente 330 kg de plata.
  • 6000 siclos de oro = aproximadamente 68,4 kg de oro.
  • 10 vestidos nuevos (seguramente de las mejores telas que eran de mucho valor en esa época)

“Cuando esta carta llegue a ti, sabrás que yo te he enviado a mi cortesano Naamán, para que lo sanes de su lepra.” El rey de Aram acostumbrado a tener hechiceros, adivinadores y sabios en su corte, tal vez pudo pensar que el profeta Elishá (Eliseo) estaba a la orden del rey de Israel, pero no era así; Eliseo servía solo a Yahwéh no a hombres. El rey Joram, a pesar de que en la historia bíblica aparece como un monarca desobediente a Yahwéh, por su idolatría a otros dioses, conocía de la autoridad y autonomía soberana del Eterno, por lo que inmediatamente rasgó sus vestiduras, porque sabía que no estaba en sus manos sanar a Naamán, y que tampoco el profeta iba a interceder a favor de él por imposición, sino que cumpliría la voluntad de Elohim.

Shalom para todos.

José López